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Mar, Oct

Una Infantería de Marina que se achicó con la esperanza de un mejor futuro que no llega

Argentina

El paulatino deterioro de capacidades de los últimos años (por no decir décadas) ha venido afectado a toda la Armada Argentina para llevar adelante su misión de manera eficaz. Como unidad subordinada a ella, la Infantería de Marina con sus altibajos ha intentado aclimatarse a un ambiente de recortes que ha prometido mas de lo que ha ofrecido.

Empero, sus pequeño núcleo operativo, aglutinado en 5 batallones y un comando logístico y de apoyo, ha realizado un esfuerzo importante en materia presupuestaria para avanzar en algunos planes de modernización. Desde finales de la década del 90′ la Infantería de Marina se acopló al paradigma del momento de achicar su estructura para generar un ahorro de recursos que luego incida en compras, modernizaciones y mejoras para sus elementos de combate. En este caso particular, los primeros años de esta política rindió sus frutos. El equipamiento individual del infante, entre armamento, equipo e indumentaria, se adapto a los tiempos que corren, incorporando nuevos fusiles de asalto (M-16A2), ametralladoras de apoyo (M-249), pistolas, lanzagranadas, fusiles antimaterial, sistemas antiaéreos como el RBS-70, entre otros. Por otro lado, elementos logísticos y de comando como vehículos HMMWV, Agrale Marrua, Zodiac, etc, fueron producto de una política destinada a reemplazar viejos sistemas y dotar a la fuerza con elementos modernos y móviles que le permitan afrontar su misión de ser una fuerza versátil y con capacidad de proyección.

Sin embargo, el equipamiento individual tuvo su contrapartida. Los elementos de combate de mayor complejidad sufrieron bajas progresivas o imposibilidad de reemplazos. Un caso central dado el peso de la misión anfibia de la Infantería de Marina, recae sobre el estado de los LVTP-7 (VAO). A partir del año 2009, la firma Mecatrol comenzó tareas de repotenciamiento del sistema de armas con el fin de alargar su vida útil. De los 11 sistemas disponibles en la Armada, solo 8 lograron modernizarse, siendo esta cantidad insuficiente para las proyecciones que tiene esta fuerza.

Si bien la modernización logró mantener activos a los vehículos que fueron incorporados en 1974 y que participaron en el marco de la Operación Rosario, el futuro de los sistemas es incierto a pocos años de cumplirse los 50 años de su incorporación.

Otro de los efectos negativos de los tiempos de crisis que modificaron todos los planes dentro de la Armada a partir del 2001 fue el de la organización de sus estructuras. La intención de achicar gastos corrientes con el fin de ahorrar para gastos de capital no pudo ser resuelta hasta el dia de hoy. A partir de fines de los años 90 la Armada valoró la idea de disminuir sus recursos humanos para afianzar un proceso de modernización, con la intención de reincorporar personal de manera gradual al cabo de ciertos resultados modernizadores. La disminución de un 50% de sus unidades de combate no pudo ser subsanada.

Por otro lado, el poder político le ha encomendado la misión de formar parte de la orgánica de la Fuerza de Despliegue Rápido. Si bien las capacidades de la Infantería de Marina la hacen ideal para conformar parte de esta estructura, algunas necesidades importantes ralentizan su incorporación: un buque multipropósito. Este eufemismo de un buque de proyección de fuerzas resulta hasta ahora clave para que la fuerza con naturaleza proyectiva pueda brindar sus capacidades dentro de distintas áreas estratégicas del país. De todas maneras, la posibilidad de incorporar un buque de estas características sigue durmiendo en las oficinas de un astillero argentino.

Desde la institución marina se ha mencionado que para cumplir con las exigencias que supone formar parte de la FDR, la Armada Argentina debería recomponer su capacidad de transporte naval y aéreo, cuestiones muy maltrechas al día de hoy por la baja cantidad de helicópteros disponibles y buques que permitan misiones efectivas de proyección de fuerzas. En este sentido, un buque tipo LPD, de similares características a los que ya poseen Chile, Brasil y Perú, dotaría tanto a la Armada como a su propia Infantería de Marina de un elemento estratégico capaz de mover facilmente a toda una estructura de desembarco, sea para apoyo a la comunidad en poblaciones a lo largo de la extensa costa Argentina, como para brindar un solido efecto disuasorio.

La Armada parece comprender que los próximos años serán duros en materia económica. No obstante no dejan de esperar que se cumpla una cierta idea de la política de que achicar sirve para recomponer a futuro. Ellos se achicaron hace mas de 20 años, la recompensa hasta ahora ha venido a cuenta gotas.
Por Mariano Gonzalez Lacroix -

24/09/19
Zona-militar.com