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Mié, Abr

Los aviones hidrantes para la Argentina suman un nuevo capítulo

Foto: USAF

Argentina

Hace unos pocos días, el Ministro de Defensa Agustín Rossi sumó un nuevo capítulo a la larga e inconclusa historia de los aviones hidrantes para la Argentina. En declaraciones brindada al programa radial «Todavía no es tarde» de Radio 2, el titular de la cartera de Defensa afirmó que debido a la situación vivida durante las últimas semanas en la Patagonia, se dieron las indicaciones necesarias a las autoridades correspondientes de la Fuerza Aérea Argentina para iniciar un plan de aproximación que tendrá como objetivo la búsqueda de oportunidades en el mercado para la compra de aviones hidrantes que puedan ser operados por la Fuerza. La iniciativa también buscaría mejorar la disponibilidad de helibaldes para helicópteros.

 

El interés por adquirir aviones hidrantes acumula varias décadas en la Argentina, tema que irremediablemente se reaviva durante las temporadas de incendios que afectan a la región patagónica durante el verano y a la zona centro/oeste del país durante el invierno. Uno de los tantos antecedentes, y posiblemente el más recordado, se dio durante la década de los ’90, cuando en 1997 se llegó a evaluar localmente al por entonces Bombardier CL-415. La mencionada aeronave realizó demostraciones de sus capacidades a diversas autoridades durante su estadía en la Argentina, sin embargo un informe proveniente de la Secretaría de Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable terminaría por descartar la compra del avión hidrante, cuyo costo de adquisición rondaba los 22 millones de dólares.

Tal como sucede luego de cada incendio de envergadura, el interés por la adquisición de aviones hidrantes se terminó por desvanecer entre promesas y amagues. Sin embargo, los requerimientos no siempre cayeron en saco roto. Así lo demuestra la iniciativa de la Fuerza Aérea Argentina, la cual realizó durante 1997 y en años posteriores los estudios de factibilidad a los fines de ofrecer una solución. Para este caso particular, la FAA propuso utilizar como aviones hidrantes a dos de sus C-130B Hércules que disponía por aquellos años, equipándolos con el Sistema Modular Aerotransportado de Extinción de Incendios (mejor conocido como MAFFS) que ya eran utilizados por la USAF.

Una vez seleccionados los aviones (el TC-60 y TC-57), la FAA elevó en contadas ocasiones a las autoridades de turno la factibilidad de convertir a los mencionados Hércules en hidrantes, requiriéndose para ello la compra de dos kits MAFFS. Dentro de la planificación propuesta, se evaluó mantener dos despliegues anuales durante los meses críticos y en zonas propensas a incendios. Bariloche/La Pampa y Escuela de Aviación Militar serían los asientos propuestos, bases a las cuales deberían desplegar personal y todos los medios de apoyo requeridos para las operaciones.

Los medios actualmente disponibles para la lucha contra incendios son del tipo ligero, resultando insuficientes en algunas ocasiones. Fotos: Zona Militar

A lo largo de los años, la FAA actualizó y brindó a las distintas administraciones la opción de los C-130B, hasta que finalmente las aeronaves de esa versión fueron finalmente desprogramadas y dadas de baja. Entre las particularidades que ofrecían los Bravo para este tipo de misión es que no requerían modernización de su cabina, perdiéndose una oportunidad única de contar con esta capacidad ya que los C-130B resultaban más maniobrables (característica esencial para la particularidad del tipo de navegación que se debe de realizar durante estos vuelos) y contaban con una mayor resistencia alar respecto a la versión H.

La propuesta por modificar a los C-130B de la FAA así como la compra de aeronaves hidrantes tuvo su eco durante las últimas décadas, tal como queda reflejado en los diversos proyectos que se presentaron en la Cámara de Diputados de la Nación. Entre ellos figuran:

Expediente 6158-D-2002: «Apoyar en forma decidida el proyecto de modificación de tres aviones Lockheed C-130 Hércules de dotación de la Fuerza Aérea Argentina«. El proyecto tenía previsto la modificación de tres Hércules a un costo de u$s 3.5 millones, habiéndose propuesto en esta ocasión el sistema RADS (Retardant Aerial Delivery System) de origen estadounidense, ya que de acuerdo con una evaluación técnica realizada por personal de la Fuerza Aérea Argentina, era el que reunía las características operativas más favorables y una mejor relación costo-eficacia. También incluía la compra de una planta para recargo del avión (u$s 170.000) y las cargas de retardante.

Expediente 5646-D-2006: «Solicitar al PE disponga las medidas necesarias para cumplir el convenio suscripto entre la Sec. de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación y la FAA, con el objeto de utilizar Hércules C130 como aviones hidrantes». El mencionado proyecto menciona que en «...el curso del proyecto liderado por la FAA se efectuó un relevamiento y análisis de los equipos para conversión a avión hidrante existentes en el mercado mundial. Como resultado del mismo, se determinó el equipamiento técnico y operativamente más conveniente. La conversión prevista consiste en una modificación del piso de la cabina de carga del avión para instalación de las compuertas de descarga (instalación fija), complementada con un tanque desmontable que permite el rápido cambio de configuración del avión al rol contraincendio, reteniendo su capacidad primaria de transporte de personal y/o carga. Originariamente, y según información obrante en nuestro poder, se previó esta modificación (instalación fija) en tres (3) aviones, y adquirir dos (2) tanques desmontables, a efectos de permitir la operación simultánea de dos (2) aviones hidrantes, teniendo en cuenta la afectación de disponibilidad de aeronaves por efecto de las tareas de mantenimiento a realizar sobre las mismas...»

Uno de los párrafos brinda una resumida pero acertada conclusión, manifestando que «...el Proyecto de reconversión contempla la adaptación de los confiables y probados C 130 como aviones cisterna, similares a los utilizados por el servicio forestal de los EEUU, donde han demostrado una gran eficiencia. En tal contexto, la inversión a realizar sería ínfima en comparación con las pérdidas materiales y de recursos naturales, cuando no de vidas humanas, ya que la Fuerza Aérea cuenta con el material aéreo. A su vez, el costo operativo se entiende altamente conveniente, teniendo en cuenta que la FAA ya posee la logística de mantenimiento, pilotos adiestrados y, lo que resulta esencial, años de experiencia en operaciones bajo condiciones adversas...«

Expediente 1322-D-2015: «Adquisición de Material para el combate aéreo de incendios forestales y de pastizales». El proyecto de ley impulsaba el compromiso de partidas presupuestarias por parte del Poder Ejecutivo a los fines de adquirir, equipar, mantener y entrenar «...con las herramientas indispensables para la atención temprana de siniestros de riesgo ambiental, todo esto a cargo de la FAA. El documento proponía la adquisición de «...al menos un avión hidrante-anfibio tipo CL-415C, un equipo MAFFS II, un helicóptero para traslado de brigadistas, equipamiento y combate del fuego...» Lógicamente, por la fecha del proyecto, los C-130B ya habían sido desprogramados por lo que la responsabilidad recaería sobre los C/KC-130H, los cuales se encontraban en pleno proceso de modernización y con un disponibilidad reducida.

Más cerca en el tiempo, en 2017, las autoridades del Ministerio de Defensa y del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable trabajarían en conjunto a los fines de definir lineamientos para la lucha contra incendios. Una vez más, se evaluaron distintas opciones, entre ellas la modificación de C-130 Hércules como aviones hidrantes. El por entonces secretario de Logística y Coordinación de Emergencias del Ministerio de Defensa de Argentina, Walter Ceballos, realizó una gira internacional con el objetivo de tomar conocimiento sobre las distintas ofertas del mercado. Esto incluyó una visita a la empresa canadiense Coulson para inspeccionar de cerca el sistema RADS-XXL y negociaciones con el Complejo Científico-Técnico de Aviación Beriev por el avión anfibio Be-200. Como en otras ocasiones, el interés se terminaría por diluir, ya sea porque la opinión pública había perdido interés o porque los costos de adquisición resultaban excesivos.

Instalando un sistema MAFFS II. Foto: Staff Sgt. Justin Norton – USAF

Equipo de apoyo al sistema MAFFS II. Foto: USAF

Hércules de Coulson durante una demostración en Australia. Foto: RAAF

Con el tema nuevamente en la agenda política, las opciones por evaluar son mas bien escasas. Con los Bravo retirados, la opción de convertir alguno de los C o KC-130H quedaría fuera de discusión, salvo que se tenga pensado la poco probable opción de adquirir nuevas unidades. Invariablemente, a la suma que se invierta en la compra de nuevos Hércules se le sumarán los costos para incorporar el o los kits hidrantes. Actualmente se ofrecen dos soluciones, cada una de ellas con sus ventajas y desventajas: el sistema modular MAFFS II y el Coulson RADS-XXL. Este último requiere modificación de la aeronave aunque es mas ligero, transporta mas cantidad y desagota en menor tiempo. Otra opción es el sistema Guardian de Caylym, el cual consiste en cajas capaces de alojar 1000 litros de líquido, las cuales una vez lanzadas desde el portón trasero, «...liberan su contenido por debajo y detrás de la aeronave en un patrón superpuesto creando un efecto similar a una lluvia instantánea y precisa...»

Como mencionamos previamente, la doble temporada de incendios de la Argentina demandaría una presencia mínima de Hércules hidrantes durante al menos 4 a 6 meses, con la o las aeronaves debidamente configuradas y desplegadas. A esto debemos sumarle el personal de vuelo y técnico así como todo el equipamiento y vehículos necesarios para brindar soporte a las tareas de abastecimiento. Poner en esta situación, aunque sea a uno de los Hércules, tendría un impacto directo en la capacidad de transporte de la FAA, atento la demanda que tienen a diario los veteranos cuatrimotores.

Otros candidatos (probados aunque costosos), son los hidrantes anfibios de la familia Bombardier / Vikingair CL-415. La particularidad de estas aeronaves es su capacidad de aprovechar espejos de agua, dejando de lado toda la logística que requieren sistemas como el MAFFS II o RADS-XXL. En una distancia menor a 1400 metros, el CL-415 puede cargar más de 5000 litros de agua en menos de 12 segundos, lo que le proporciona una independencia única.

En definitiva, estamos ante una decisión que no solo requiere planeamiento sino también decisión y una notable inversión, no solo en aviones y kits sino en todo el tren logístico para garantizar su correcta operación (piletones, bombas, camiones tanque, etc). Una de las opciones es que, al igual que EEUU por ejemplo, los kits o aeronaves sean adquiridos con presupuesto del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, y no que el presupuesto termine saliendo de los ya escasos fondos de las Fuerzas Armadas.

También se tiene que tener en consideración que las aeronaves hidrantes no son la solución definitiva para el combate de incendios, sino que constituyen una de las tantas herramientas que se necesita tener a disposición. En un sistema completo y complejo toman activa participación diversos tipos de medios de ala fija y rotatoria, y no todos resultan ideales para ser operados por la FAA.

Algunos de los medios aéreos desplegados en Australia durante la temporada 2019/2020. Gráfico: NAFC

Por Carlos Borda Bettolli -

17/03/21
Zona-militar.com