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Dom, Sep

La decisión del futuro caza argentino es presidencial

Argentina

Un consenso especifico que existe en la comunidad relacionada a los asuntos de Defensa Nacional y mas precisamente al Instrumento Militar, es que la Argentina tanto por sus dimensiones, por su peso en el concierto internacional, como por los desafíos consagrados en su plexo normativo y sus distintas directivas políticas, necesita recuperar su aviación de caza supersónica.

No hay dudas, la salida de servicio del sistema Mirage en el año 2015 dejo a la Fuerza Aérea Argentina con capacidades letales testimoniales, respaldando distintas de sus misiones principales en un puñado de aviones A-4AR, diseñados para otros menesteres, y con un horizonte operativo próximo a su culminación. Hoy la Fuerza Aérea Argentina no vuela ni mas alto, ni mas lejos, ni mas rápido a raíz de un constante que data de hace décadas y que no muestra signos de cambiar al corto plazo: se enfoca en sistemas de armas para cumplir con la exposición de sus misiones subsidiarias mientras continua postergando esa decisión central y ligada al ethos de una fuerza aérea, operar aviones caza.

Sin embargo, la problemática que existe detrás de la decisión final y el primer paso para que la Argentina se aventure en un programa para restituir su aviación interceptora, no recae solamente en la máxima autoridad de la Fuerza Aérea Argentina o incluso en el exponente con mayor poder de decisión en el Edificio Libertador: la decisión de que nuestro país, octava superficie mas grande del planeta y con una disputa abierta con un enclave militar en su litoral marítimo, recae en el plano de la máxima conducción estatal, el nivel presidencial.

JF-17. PAF

Pero hagamos un repaso rápido de porque hay que poner el ojo mas en la conducción política al mas alto nivel.

Para 2015, la entonces gestión en Defensa, había avanzado sólidamente en la definición del reemplazo del sistema Mirage tras una propuesta israelí para el traspaso de ocho monoplazas con radar ELTA 2032 (Versión C-10), seis monoplazas con radar ELTA 2001B (Versión C-12) y dos Biplazas con radar ELTA 2001B (Versión TC-12). La propuesta, que le hubiera permitido entonces mantener la capacidad de intercepcion supersonica y desarrollar operaciones aéreas ineditas, avanzo con el impulso del entonces Jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea Argentina y del propio Ministro de Defensa. ¿Adonde avanzó? hacia un techo de cristal infranqueable, la decisión presidencial.

Con la asunción del consecutivo gobierno y con el rechazo a la opción de IAI, la burocracia institucional de la fuerza relanzó su análisis de propuestas desembocando (erróneamente para este cronista) en la decisión de ir por un «caza complementario» que se constituya como stop-gap hasta la llegada de una aeronave de mayores prestaciones. La novela es conocida por todos y tiene el nombre de FA-50. Contando con apoyo en toda la cadena de mandos militar y con avanzadas gestiones desde el plano de la política de defensa, la propuesta se astilló primero en dependencias presidenciales y no solamente bajo criterios presupuestarios, sino de posicionamiento internacional.

Con el ultimo veto que desploma la opción FA-50, ya bajo la coyuntura del gobierno actual, nuevas opciones aparecen en los despachos militares y de gestión de la defensa. Ya los conocemos por las hartas primicias en este mismo canal... el JF-17 y el Mig-35.

Actualmente las dos propuestas mas voluminosas que han sido analizadas se centran en dos aeronaves caza no occidentales, el primero chino-pakistaní y el segundo ruso. Ambas carpetas tuvieron su derrotero desde el edificio Cóndor hasta el Libertador, aunque una de ellas con una impresión bastante mas considerable que la otra.

Mig-35. Rosoboronexport

La oferta rusa, empujada hace unas semanas con una propuesta comercial, se enfoca en la venta a la Argentina de 12 aeronaves Mig-35, 2 de ellas de la versión D, o biplaza. Si bien hasta ahora no ha trascendido mayor información sobre esta propuesta (¡prometemos que vamos a indagar!), no existe buen augurio por el lado de posible offset industrial o que la aeronave pueda siquiera incorporar alguna parte producida en el complejo industrial argentino. Recordemos que en el planeamiento de incorporación de equipamiento militar, uno de los ejes al momento de negociarlo se centra puntualmente en impulsar los joint ventures o participación conjunta con los fabricantes del exterior. ¿Dónde esta el problema con el Mig-35? Descartando el presupuesto y la financiación, en CAATSA o en cierta reticencia de los Estados Unidos. A efectos, una decisión que decante en la propuesta de la Federación Rusa deberá contar con el buen visto y la rúbrica presidencial. El techo de cristal.

Por otro lado, y mas adelantada a la oferta rusa, se encuentra aquella por el JF-17, que no solamente se concentra en una flexibilidad mayor a nivel erogación, sino con una propuesta de financiamiento mas laxa para las magras arcas nacionales. La comitiva china que visitó distintas instalaciones ligadas al Sistema de Defensa Nacional dejó en los despachos argentinos una carpeta contundente que fue muy bien vista tanto a nivel fuerza, como a nivel ministerial. En off han sido varios los que han mencionado que la propuesta es la que más impulso tiene, pero que la decisión nuevamente recaerá en la decisión presidencial. El techo de cristal.

Para este ultimo caso hay que tener en cuenta las palabras de la nominada a la jefatura del SOUTHCOM quien menciona que los Estados Unidos buscaran negociar con la Argentina para que no haya «equipamiento militar en las áreas de operación del SOUTHCOM». La presión, si no es a través de una propuesta especifica, vendrá de la mano de un ajuste a través de los stocks y el financiamiento via FMS.

Como vemos, la decisión es de Alta Política, lo que implica un posicionamiento internacional con sus efectos posteriores. En función de esto, será el Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas quien deberá decidir que puerta abrir para recuperar esta capacidad en la fuerza.

Habiendo transitado casi dos años de la gestión actual, ese techo de cristal todavía permanece indemne y desde ya enfocado en los acuciantes problemas que surgen constantemente en el país y no están atados a la agenda de la Defensa Nacional, agenda que cada vez corre mas lejos de otros ámbitos.

El próximo ministro o ministra que asuma tendrá seguramente sobre su escritorio las distintas propuestas para que la Argentina cuente con un sistema interceptor. ¿Romperá el techo de cristal o, por el contrario, la novela de los cazas continuará en el limbo?

Por Mariano Gonzalez Lacroix -

07/08/21
Zona-militar.com